Salón de Vinos Generosos de Calduch

El Hotel Princesa Palace se transforma en el epicentro del Marco de Jerez y Montilla-Moriles. El Salón organizado por Calduch no fue solo una feria; fue una liturgia para los sentidos, donde la flor, el roble y la oxidación nos recordaron por qué España posee los vinos más singulares y complejos del planeta.

Entre el bullicio de expertos y copas tintineantes, recorrimos una selección que viaja desde la frescura salina de Sanlúcar hasta la densidad infinita de los PX más añejos.

Las Joyas de la Jornada: Notas de Cata

El Legado de Sanlúcar y Jerez

  • Manzanilla Wellington (Hidalgo La Gitana): Pura elegancia aristocrática. Una manzanilla con una crianza biológica prolongada que le otorga una estructura y un carácter punzante inigualables.
  • Manzanilla Pasada Pastrana: Un monovarietal de un solo pago que redefine el concepto de terruño. Es profunda, intensa y con ese recuerdo a levadura vieja que enamora al catador exigente.
  • Manzanilla Papirusa (Lustau): La frescura personificada. Brillante, seca y con esa brisa marina tan característica que limpia el paladar de forma magistral.

La Maestría de Osborne

  • Fino Quinta: Un clásico que nunca falla; la definición de un fino amable y equilibrado.
  • Coquinero Fino en Rama: Aquí entramos en palabras mayores. Al ser «en rama» (sin filtrar), mantiene toda la potencia del velo de flor, mostrándose untuoso y lleno de matices de almendra amarga.
  • Pedro Ximénez 1827: Un postre en sí mismo. Notas de pasas, higos y café con una densidad que acaricia la copa.

Rarezas y Tesoros

  • Palo Cortado de la Cruz 1767: El misterio hecho vino. Posee la nariz elegante de un amontillado y la boca generosa de un oloroso. Una joya histórica que detiene el tiempo.
  • Bodega Espinosa de los Monteros: Su gama de Oloroso, Amontillado y Palo Cortado destacó por una pulcritud técnica asombrosa, respetando los perfiles clásicos pero con una intensidad que demuestra un cuidado meticuloso en la solera.

Más allá del Vino: Vermuts y Oro Líquido

La experiencia se completó con la audacia de los Vermuts Blanco y Rojo de Lustau, que utilizan bases de vinos generosos para elevar el aperitivo a una categoría superior. Por su parte, la pausa gastronómica llegó de la mano de los Aceites de Sierra Mágina, cuyos AOVEs aportaron el frescor herbáceo y el picor equilibrado del picual jiennense.

«Los vinos generosos no se beben, se comprenden. Son el resultado de una paciencia que hoy en día parece un acto de rebeldía.»

 

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