En nuestra reciente visita a Cassana, descubrimos que la sencillez de un buen producto, tratada con técnica impecable, es la verdadera clave del éxito gastronómico.
El Preludio: Frescura y Texturas
La experiencia comenzó con un despliegue de entrantes que anticipaban una velada de contrastes armoniosos. La Ensalada de salmón con naranja fue el primer acierto; una oda a la frescura donde la acidez cítrica elevaba la grasa noble del pescado, limpiando el paladar para lo que estaba por venir.

Poco después, llegó a la mesa la Ensaladilla con atún confitado y ajo blanco. Olviden el concepto clásico: aquí el atún, tratado con mimo artesanal, se funde con la sedosidad del ajo blanco, aportando una profundidad de sabor que convierte este plato en un bocado de alta cocina.


Y como en todo templo del buen comer no pueden faltar los clásicos, las croquetas de jamón y carne, cumplieron la promesa de la casa: una fritura impecable, crujiente por fuera y con ese corazón cremoso que solo se consigue con horas de paciencia frente al fogón.
El Protagonista: El Arroz en su Máxima Expresión. El punto álgido de la comida lo marcó el arroz con pulpo y calamares. En Cassana, el arroz no es un acompañamiento, es el destino. Grosor de fondo fino y socarrat, y grano de sabor marino. El pulpo, en su punto exacto de cocción, aportaba una textura firme pero melosa que maridaba a la perfección con la delicadeza de los calamares.
La Bodega: Burbujas y Tierra
Para regar adecuadamente estos platos, nos dejamos llevar por una selección vinícola de altura:
Rimarts Martinez: Un espumoso de burbuja fina y elegante que aportó la vivacidad necesaria para los entrantes, y una relación calidad precio excelente.

Pago de Tharsys: Un Cava con carácter y alma, capaz de sostener la intensidad del arroz sin restarle protagonismo.
El Cierre Dulce
El postre llegó por partida doble. El tiramisú de la casa se presentó equilibrado, con el mascarpone y el café en un baile perfecto de dulzor y amargor. Sin embargo, la sorpresa emocional la dio el púdin casero con helado mantecoso. Un postre reconfortante, de los que evocan recuerdos de infancia, pero ejecutado con una técnica profesional que lo eleva a la categoría de imprescindible.

Veredicto Gastrolopia: Cassana no es solo un restaurante, es un refugio para los amantes de la autenticidad. Una parada obligatoria para quienes buscan técnica, producto y, sobre todo, alma en cada plato.
Reservas: https://restaurante.covermanager.com/reserva-en-cassana/